Una vez más el debate por la despenalización y legalización del aborto ocupa un lugar central en la agenda pública y política de nuestro país. En este momento el Proyecto de Ley que se propone garantizar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo a todas las mujeres y personas gestantes en condiciones de igualdad comenzará a debatirse en el Senado, mientras quienes abrazamos con fuerza y convicción esta causa nos organizamos en cada ciudad para acompañar ese debate y esperar juntes el momento de la votación. 

Sin dudas llegamos a este momento histórico por la lucha de cientos de miles de mujeres y personas gestantes que en cada rincón hicimos cuerpo, hicimos carne este reclamo de ampliación de derechos, que nos hermanamos en manada para conquistarlo. Que entendimos que la construcción es colectiva y que como una marea verde nos decidimos a ocupar los espacios públicos para hacernos visibles.

Tampoco tengo dudas de que este momento nos encuentra en una situación social, política y económica muy distinta a la del año 2018, cuando este debate también llegó al Congreso. 

Contamos hoy, a nivel Nacional y Provincial, con los primeros Ministerios de Mujeres, Géneros y Diversidad con recursos propios para desarrollar políticas públicas que garanticen que todas las instancias del Estado estén atravesadas por una perspectiva de género. A nivel Nacional, el Ministerio tiene asignado un presupuesto 13 veces mayor que el que tenía el Instituto Nacional de las Mujeres en 2019 a lo que se suma un conjunto de 55 medidas previstas en los distintos Ministerios y organismos con el objetivo de avanzar hacia la igualdad entre los géneros. El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires realizó, por primera vez en la historia, la compra de Misoprostol para garantizar el acceso a la Interrupción Legal de Embarazos.  

Son solo algunos ejemplos que permiten dar cuenta de que este debate nos encuentra en la actualidad con una gestión de gobierno Nacional y Provincial que ha tomado la decisión política de trabajar para disminuir y eliminar las desigualdades por razones de género, por una sociedad libre de violencias, para asegurar el acceso a derechos, no como meras expresiones de deseo o palabras lindas dichas en un discurso o escritas en una ley o un presupuesto, sino con acciones concretas y destinando los recursos para hacerlo.

Pero ¿Qué es lo que estamos debatiendo? ¿Qué reclamamos? ¿Qué proponemos a través de este Proyecto de Ley? 

Una cuestión me parece que es fundamental que tengamos clara. No estamos debatiendo la existencia de los abortos ni tampoco las consideraciones éticas o morales al respecto. Lo que estamos debatiendo, sobre lo que entendemos que es imprescindible legislar y que el Estado intervenga es sobre las condiciones en las que los abortos se llevan a cabo. 

Como sociedad debemos preguntarnos una vez más si sostenemos la clandestinidad y penalización o legislamos para que el aborto sea legal, seguro y gratuito en nuestro país. ¿Estamos de acuerdo con que una mujer vaya presa por practicarse un aborto? ¿Nos parece justo que mujeres y personas gestantes puedan, con base en sus recursos, garantizar el acceso a una práctica de interrupción del embarazo en condiciones más seguras, mientras que aquellas que se encuentran en situación de vulnerabilidad deban recurrir a prácticas inseguras que las llevan a atravesar situaciones profundamente riesgosas para su vida y su salud? ¿Estamos dispuestes a seguir condenando a las mujeres y personas gestantes a la muerte, a la cárcel o a sufrir consecuencias en sus cuerpos y en sus mentes por interrumpir embarazos en la clandestinidad y en condiciones sumamente inseguras? ¿Vamos a seguir empujándolas a la clandestinidad y al silencio, a vivir con el temor a ser juzgadas, señaladas? 

Estas mujeres que le ponemos el cuerpo y la voz y salimos a la calle exigimos que sea garantizado nuestro derecho a decidir libremente sobre nuestros cuerpos y nuestros proyectos de vida. Exigimos no morir, no ser encarceladas ni cargar con señalamientos morales, con el peso de la clandestinidad y la ilegalidad sobre nuestros cuerpos y nuestras subjetividades, toda vez que rompemos con esas cadenas que nos oprimen.

Esta lucha es para romper con el silencio y la indiferencia, porque hace tiempo decidimos no callarnos más, hace tiempo que nos rebelamos, que decidimos ocupar el espacio público que históricamente se nos había negado. 

Esta lucha vino a cuestionar y romper con el status quo, con las desigualdades estructurales; vino a plantearnos el desafío de deconstruirnos, de romper con los mandatos sociales impuestos, con la idea de un orden social natural que por natural, se nos dijo, que no podía ser transformado.

Esta lucha es por una sociedad igualitaria, por una sociedad con justicia social.

Estamos viviendo y protagonizando una verdadera y profunda revolución por nuestra autonomía, nuestra libertad, nuestra independencia, en una sociedad que ya lleva el verde como bandera, ese color esperanza que nos moviliza en las calles, en las plazas, en las escuelas, en los trabajos, en los teatros, en los medios de comunicación, en las redes sociales, en nuestras casas.

Porque estamos profundamente convencidas de que la Argentina será un país más justo y equitativo, que achicaremos las brechas de inequidad y avanzaremos en el acceso efectivo, real y equitativo al derecho a la salud integral, cuando todes tengamos acceso a una educación sexual integral que nos permita tomar decisiones, cuando todes tengamos acceso a los distintos métodos anticonceptivos, cuando quienes quieran tener hijes lo hagan sin problemas y quienes no lo deseen puedan interrumpir el embarazo en condiciones sanitarias y legales adecuadas, de manera que no haya más mujeres y personas gestantes que mueran en el intento o queden sumidas en la angustia de vivir un embarazo no deseado ni planificado.

Porque la maternidad no puede ser una imposición, debe ser siempre una decisión, un deseo, una elección de vida, un derecho. Porque sabemos que nuestros cuerpos no son territorio de conquista ni de decisiones de otres

Porque estamos a favor de la vida, de la libertad. Por todas las pibas que llevan los pañuelos verdes en sus muñecas, cuellos o mochilas, que nos dan muestra permanentemente de que no hay conquistas sin lucha y de que no hay lucha sin conciencia colectiva. 

Por todas ellas, por las que no están y por las que vendrán, porque nos queremos vivas y libres, porque nos invaden la bronca y la tristeza cada vez que una de nosotras sufre, cada vez que una de nosotras no vuelve, pero sabemos transformar ese dolor en revolución, en militancia, en amor, porque esta fuerza enorme crece y avanza sin pedir permiso y no hay chances de volver atrás.

Por eso luchamos y por eso ¡SERÁ LEY!