Frío. Agosto por la mañana, un auto de esos largos, de esos tristes se detuvo unos minutos en su último trayecto.  “Hasta mañana señorita” se escuchó a coro, escribo “coro” y recuerdo que Sandra luchó por recursos para los programas de Coros y Bandas Escolares, quizás sabiendo eso que nadie se salva solo, que la banda suena bien si tocan todos.

Por eso duele la indiferencia de quien no se atreva a sentir sus ausencias por una mezquindad del pensamiento político, Sandra y Rubén dos trabajadores de la educación que murieron por ser trabajadores de la educación, en su escuela.

La que eligieron, la escuela del barrio humilde, donde la educación pública no es un pozo donde uno “se cae” si no una segunda casa, a veces la única. Ese día los mocosos, los nadies, los que siguen sin voz, y sin vos y sin clases te dijeron “Hasta Mañana Señorita”, nosotros te decimos “Hasta Siempre Compañera”