Hace cuatro años que en todas las plazas de nuestro país, una multitud de voces, identidades y banderas demuestran que Ni Una Menos no es el fin de nada si no el comienzo de un nuevo camino. Es un grito colectivo contra la violencia machista, que surgió en el año 2015 con la necesidad de decir “basta de femicidios”.

Actualmente vivimos ajustes brutales en manos de la alianza Cambiemos que llegó para atentar contra los derechos de las mujeres y está llevando a cabo el desmantelamiento de las políticas de género que habían formado parte de la agenda pública durante el gobierno Kirchnerista. De esta manera, se han ido socavando los derechos de las mujeres que sufren cada día la violencia machista que se traduce en acoso, violaciones y femicidios, donde el Estado patriarcal no hace más que apartar esta emergencia de las decisiones políticas.

Por otro lado, para poder dispersar el gran ajuste económico, político y social que estamos atravesando se dió apertura al “debate” sobre el aborto y cuando digo que lo hacen como método para dispersar es porque es una apertura que no proviene de la responsabilidad política del propio Macri, sino para disipar el malhumor social derivado de los nubarrones económicos -el viejo truco de instalar un tema disruptivo para que la gente hable de otra cosa- y, en paralelo, las presiones que venía afrontando Emilio Monzó en el Congreso para habilitar el debate sobre la legalización del aborto, estos han sido los verdaderos sucesos desencadenantes.

A su vez, y acá la prueba de lo dicho anteriormente,  se está llevando adelante un gran recorte en políticas de género de parte del gobierno de cambiemos, por ejemplo, con la quita de más de $700 mil al programa “Formulación e Implementación de Políticas Públicas de la Mujer” y también el despido de  trabajadoras de la línea 144, un organismo que se encarga de asesorar y contener a mujeres en situación de violencia de género. En este caso,  las autoridades despidieron a cinco trabajadoras por reclamar mejoras en las condiciones laborales lo cual deriva en un vaciamiento de los programas y políticas de género en el marco de una fuerte devaluación, tarifazos y salarios que no valen nada.

Hoy  las mujeres se encuentran reunidas y organizadas por el cumplimiento de sus derechos bajo la bandera del “Ni Una Menos” cuyo lema no se puede gritar sin la legalización del aborto legal, seguro y gratuito porque es la penalización de éste lo que lleva a la mujer a estar encarcelada por un sistema que las oprime, las limita y las excluye.

 “Vivas, Libres y desendeudadxs”

Cada vez son más las que entienden el feminismo como la causa de sus rebeldías, una causa donde la mano esté tendida para la otra y es en esa manera de estar donde se reconocen y se identifican con los pañuelos verdes que se transformaron en el signo de la lucha por el derecho al aborto legal. La capacidad del feminismo de darle cuerpo y sentido a esta demanda ha llegado a la instancia de debate parlamentario mientras la discusión no para de profundizarse en los barrios, las casas y las escuelas. “Ni Una Menos” es contraseña contra la violencia machista y patriarcal y así se ha afianzado en muy diversos territorios a nivel internacional. Su clave está en la apropiación de un grito colectivo capaz de enlazar el ¡Ya basta! y de denunciar a la vez la opresión de las violencias económicas, políticas e institucionales que también son patriarcales.

No se cumple el “Ni una menos” si muere una mujer cada 18 horas, si  el estado no garantiza derechos, si tenemos presas políticas, si despiden a trabajadoras, si  las mujeres no pueden caminar libremente por la calles, si los curas aconsejan a lxs estudiantes que tomen pastillas anticonceptivas si andan en “zonas de violación”. Por eso hoy más que nunca debemos encontrarnos en las calles levantado las banderas de la lucha feminista para una sociedad más libre, justa e igualitaria.