Ayer me picó una araña.
Estaba en corrientes, de viaje con dos amigos.
La envolví en papel y se la mostré al recepcionista del hotel. Que no me hiciera problema. Que era guachita nomas, de la zona. Que se notaba por el lomo marrón que no era de las peligrosas. Que esas son todas negras. Que esas matan.

Seguimos el viaje, que iniciamos en Uruguay, pasando por Brasil y volviendo por Misiones. En todo el periplo no tuvimos un solo inconveniente. La gente y los servidores de los países vecinos nos hicieron sentir cómodos, bienvenidos, esperados. Era una pena que una araña pudiera teñir de temor la culminación del viaje. Llegar a casa se volvía un anhelo en nosotros. Pisar córdoba, un hecho cercano que nos transmitía calma: La calma de lo familiar.

Al llegar a Miramar, Ansenuza, última parada del viaje, nos cruzaron tres 4×4 negras. De ellas bajaron unos seis personajes corpulentos vestidos de negro desde los ojos hasta las uñas. No se veían sus caras: Estaban encapuchados. Cada uno de ellos llevaba una ametralladora lista para la guerra.

Policía anti narcóticos, documentos, de donde vienen, a donde van, a que se dedican, ¿actores?, risas, bajen del auto, se los voy a preguntar bien, qué tomaron, nada, vamos de nuevo, que tomaron, nada, ¿cocaína?, no, ¿marihuana?, no, ¿alcohol?, no, mira lo que tienen los actores, se mofaban, mira vos lo que les encontramos a los actores, bajen eso, unas colillas, las huelen, era tabaco, nos piden los documentos, nos retienen, no se identifican, están encapuchados, se llevan nuestros documentos, van viniendo de a uno a hacernos las mismas preguntas una y otra vez durante 30 minutos, somos culpables hasta que se demuestre lo contrario, la inversión total del estado de derecho, risas, actores, ¿y por qué manejaba usted si el auto es de él?, porque son 9hs, y por qué venimos de corrientes si somos de córdoba, porque estamos de vacaciones, ¿qué hacen acá?, queremos ver el mar, qué edad tiene, no se apoye en el auto, parese bien, parese bien le digo, no puede ser, algo tienen que tener, algo hicieron, qué consumieron, se los pregunto bien.

Temblamos. De miedo y bronca. Nos dejaron ir. Nos siguieron un buen rato.
Ya no había casa. Ni un lugar familiar. Ni calma. Ni donde ir.
Todas negras, todo veneno y todo muerte sin rostro.

Habíamos conocido a las arañas negras que nos contó el recepcionista: Las arañas asesinas del país de Macri.