3 de Junio de 2018. Como desde el 2015, el reclamo “Ni una menos” vuelve a convocarnos, a interpelarnos, a movilizarnos. Como desde el 2015, ese grito colectivo se apodera de nuestras calles y sacude nuestros cuerpos, se hace banderas, carteles, remeras, pañuelos, pintadas, canciones.

Este año la consigna es clara: “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”.

Decimos bien fuerte para que sea inevitable escucharnos: ¡VIVAS!. Porque no queremos más pibas muertas en manos de machos femicidas, hijos sanos del patriarcado; porque sabemos muy bien que la violencia machista nos mata; porque sabemos también que el Estado es cómplice toda vez que no destina los recursos necesarios para la prevención y la asistencia de las mujeres víctimas de violencia o que en sus instituciones nos cuestionan, no nos creen, no nos escuchan; porque se lo debemos a todas las pibas que ya no lo pueden decir, porque tenemos la responsabilidad histórica y el compromiso sororo de ser su voz. Porque si tocan a una nos tocan y nos movilizamos todas.

Reclamamos una vez más que queremos ser ¡LIBRES!, porque el heteropatriarcado nos oprime, nos subordina, nos quiere calladas e invisibilizadas, y lo sentimos cotidianamente en nuestros cuerpos y en nuestras subjetividades; porque queremos ser libres de caminar por la calle a la hora que queremos y vestidas como queremos sin miedo; libres para expresar lo que nos pasa, lo que pensamos, lo que deseamos; libres de decidir sobre nuestros cuerpos y nuestros proyectos de vida sin imposiciones ni señalamientos éticos o morales y sin que eso implique la muerte o la prisión.

Y exigimos también ¡DESENDEUDADAS!, porque tenemos plena conciencia de clase y de la coyuntura política, social y económica que estamos atravesando. Porque el ajuste y la pobreza nos afectan más profundamente a las mujeres trabajadoras. Porque la desocupación de las mujeres en 2017 fue del 10,2% y asciende al 20,1% en mujeres menores de 29 años, el 76% del trabajado domestico no remunerado es realizado por nosotras, porque las mujeres en promedio ganamos un 27% menos que los varones mientras que en el trabajo no registrado dicho índice asciende al 35%. Porque, por eso, ¡no queremos volver al FMI! que sólo traerá más hambre, más pobreza, más desigualdad.

Estamos, sin dudas, en un momento histórico fundamental en la lucha por la igualdad, la libertad y la justicia social. El feminismo, en los cuerpos y las voces de cientos de miles de mujeres, ocupa cada vez más espacios, interpelando a la sociedad, cuestionando viejos paradigmas, rompiendo estereotipos y prejuicios, invitándonos a problematizar y cuestionar nuestras propias estructuras de pensamiento y de acción, a cambiar la historia juntes, a transformar profundamente nuestra realidad social. Y cada vez es más difícil ser indiferente a ello.

Sepan todes que no nos callamos más, que nos rebelamos, que nuestra decisión política es la sororidad, que somos manada. Sepan que nos invaden la bronca y la tristeza cada vez que una de nosotras sufre, cada vez que una de nosotras no vuelve, pero que sabemos transformar ese dolor en lucha, en revolución. Sepan que esta fuerza enorme se multiplica, crece y avanza sin pedir permiso y que no hay chances de volver atrás.

Sepan todes, “ahora que estamos juntas y ahora que sí nos ven, ¡abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer; arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer!”