En esta revista venimos analizando mediante diferentes escritos el rol humano y social dentro del sistema neoliberal intentando comprender la realidad actual y el fundamento de cada acción del gobierno reflexionando sobre el trasfondo. No es Macri, es el neoliberalismo.

Para Foucaultel control de la sociedad sobre los individuos no sólo se efectúa mediante la conciencia o por la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo”  la Biopolítica es una forma específica de gobierno que aspira a la gestión de los procesos biológicos de la población, en definitiva, para Foucault el poder soberano moderno reposa en producir y gestionar la vida, señalando una transformación central en el derecho político, cuando el estado pasa de la premisa “hacer morir o dejar vivir” a “hacer vivir y dejar morir

La “necropolítica” es un concepto que desarrolló el filósofo camerunés, Achille Mbembe. Es la política basada en la idea de que para el poder unas vidas tienen valor y otras no. No es matar a los que no sirven al poder sino dejarlos morir, crear políticas en las que se van muriendo. Los excluidos son los que no son rentables para el poder ni para implementar sus políticas. Son los que no producen ni consumen.

El saber popular suele resumir de manera clara conceptos profundos y largamente estudiados: “Con la dictadura nos mataban. Ahora nos dejan morir” reza un graffiti reproducido en las metrópolis.

Los que aún no están excluidos, los que aún se creen el mito de que en esta sociedad somos libres aceptan y hacen suyo lo que dicen los poderosos y su prensa: que los excluidos no son como ellos, que son una gente zarrapastrosa, sucia, rara, diferente, con mala suerte y malos hábitos. El mito que ha calado es que los excluidos se han buscado la situación que sufren.

 

Afirma Clara Valverde, Española y autora del ensayo “De la Necropolítica Neoliberal a la Empatía Radical”

Los que son rentables y los que consumen, esos tienen derecho a vivir bajo el neoliberalismo si siguen ciertas leyes y tienen ciertas actitudes favorables a los poderosos. O por lo menos que no cuestionen el capitalismo neoliberal y sus políticas mortíferas. Los que no, se les deja morir

Ni Foucault, ni Mbembe ni Valverde han considerado a la Argentina al realizar tales afirmaciones, sin embargo dan el marco necesario para entender por qué se dieron de baja miles de pensiones por discapacidad, por qué se suspende el programa de inclusión juvenil “progresar” y el motivo de la reforma previsional lista para ser aplicada una vez superado el proceso electoral.

“La señora Christine Lagarde, la presidenta del Fondo Monetario Internacional, ha avisado a los gobiernos de que tengan cuidado, que la gente a lo mejor vive “demasiado tiempo” ¡Y eso está creando “problemas”! En vez de alegrarse de que la esperanza de vida, en algunos países ha aumentado.

Nos cuenta Valverde, la autora española no sabe de las miles de personas con discapacidad que el estado argentino ha abandonado a su suerte, ni de los miles de jubilados que se quedaron sin cobertura para su salud. Tampoco conoció a Rodolfo Estivill, el hombre de 91 años que se quitó la vida en una oficina de ANSES, pero si conoce de los suicidios relacionanos al desahusio políticas neo liberales, necropolíticas globales que dejan que el excluido simplemente muera.

Intentar despegar a la política del suicidio de Estivill es un nuevo suicidio, ahora social.

Un gobierno neoliberal promueve la “despolitización” como forma de imponer su propia visión, no se disgusta con el término de “crisis”, por el contrario la provoca, la utiliza y la transforma en pos de la resignación del excluido a realizar esfuerzos que no puede hacer, en pos de engendrar el temor a caerse de parte del incluído.

El neoliberalismo es una concepción cultural y por ende el lenguaje es su principal arma para construir y mantener el “sentido común”. La estigmatización del excluido como “vagos” y “peligrosos”, el fomento a la meritocracia individual. “No hay otra salida”, “Estamos haciendo lo correcto”, “Todos debemos hacer un esfuerzo”, las mismas frases repetidas una y otra vez en todo lugar donde el neoliberalismo busca su hegemonía son balas certeras de su armamento cultural.

mafalda

¿Cual es la salida, el camino para contrarestar lo establecido?

Valverde propone el término de Empatía Radical, esto es ponerse en el lugar del otro, del que sufre y darse cuenta de que el otro no es tan diferente. Es tomar conciencia de que uno es también la persona con discapacidad, el desempleado, el abuelo sin remedios, el joven sin estudio ni trabajo. Es repolitizarce y participar de espacios que piensen y sientan en “lo común”, según sus propias palabras:

Hay que compartir,  los grupos implicados en lo común son el antídoto contra la necropolítica. Lo que el poder absoluto quiere dividir, nosotros lo tenemos que juntar. Nos tenemos que juntar enfermos, sanos, trans y todos los géneros, ancianos, niños… Pero para hacerlo tenemos que desarrollar una empatía radical y empezar desde los espacios excluidos. No funciona que los “incluidos” inviten a los excluidos a sus movimientos. Tiene que ser al revés. Los que aún se creen incluidos necesitan ir a esos espacios en los que habita la exclusión y empezar desde ahí.

Valverde trabajó años en su libro, lo publicó en 2015 y su análisis se basa en experiencias europeas, y sin embargo ¿cuánto de la necropolítica puede asociarse al proceso neo liberal que encarna cambiemos? ¿cuanto del concepto de empatía radical puede verse en la construcción ideológica de unidad ciudadana?

Las puntas de las cuerdas están definidas, el tironeo nunca terminará, pero somos cada uno de nosotros los que alimentamos una u otra fuerza.