19 de Diciembre de 2001. El pueblo argentino ocupó las calles y se concentró en Plaza de Mayo, en respuesta a la declaración del Estado de Sitio por parte del Presidente Fernando De la Rúa con el objetivo de, como él mismo expresara, “poner límite a los violentos” que, sostenía, se estaban aprovechando de la compleja situación social, política y económica que atravesaba el país. Así, mientras los saqueos, las huelgas, las movilizaciones, los cacerolazos, los cortes de calles se sucedían a lo largo y ancho del país, el Presidente planteaba la importancia de “distinguir entre los necesitados y los violentos o los delincuentes”, y ordenaba, en la mañana del 20 de Diciembre, reprimir ferozmente a miles de argentinos y argentinas.

39 muertxs, cientxs de heridxs, más de 4.500 detenidxs. El saldo de una de las jornadas más tristes de nuestra democracia, expresión de la creciente conflictividad social generada por la profundización de las políticas de ajuste que provocaron el crecimiento de los índices de pobreza y desempleo.

19 de Diciembre de 2017. Esta mañana nos levantamos con la noticia de que el pueblo argentino tiene menos derechos a partir de la sanción de una ley que reforma nuestro sistema previsional. Una ley por la cual Lxs jubiladxs, pensionadxs, pibxs que perciben la Asignación Universal por Hijx, ex combatientes de Malvinas, son víctimas del feroz ajuste neoliberal que significará su empobrecimiento, un profundo empeoramiento de sus condiciones de vida y, con ello, de la situación económica, política y social general.

Porque significa la pérdida de aproximadamente $6500 al año en los ingresos de cada jubiladx y de aproximadamente $800 al año para cada pibx que percibe la Asignación Universal por Hijo, lo cual representa un total de 20 millones de pesos menos en circulación en Lobería, afectando notablemente la rueda económica local.

Pero como plantea el periodista Martín Granovsky en su nota de opinión titulada “El balazo y la tijera” publicada en Página 12, en la coyuntura actual:

Nadie puede ser privado de un balazo de goma. Nadie puede ser privado de un recorte en sus haberes. Dos nuevos derechos universales que el Gobierno quiere garantizar”.

Por ello, con el objetivo de disciplinar y silenciar el reclamo popular en repudio a la sanción de la mencionada normativa que perjudica a 17 millones de argentinos y argentinas, el 14 de Diciembre la represión perpetrada por Gendarmería y Policía Federal en la Plaza de los dos Congresos, bajo las órdenes de la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich y el Presidente Mauricio Macri, duró más de 6 horas y dejó un saldo de cientxs de heridxs y más de 40 detenidxs.

Balas de goma, gases lacrimógenos, camiones hidrantes, palos, detenciones arbitrarias. Respuestas sistemáticas del Gobierno actual ante un pueblo que no se queda dormido. Respuestas de un Gobierno cuya máxima autoridad, el Presidente Mauricio Macri, expresa que ese masivo y genuino reclamo popular fue una “violencia orquestada, fue algo premeditado que buscó que no funcione el Congreso de la Nación” por parte de “una minoría que fantasea con que perdamos la gobernabilidad” y que, ante eso, su deber es “proteger a nuestras fuerzas de seguridad”.

Nuevamente, como en el 2001, un Presidente que criminaliza la protesta social, que construye la idea de un enemigo interno que atenta contra la democracia y la paz social, al tiempo que empobrece al pueblo a través de políticas de ajuste en salud, educación, ciencia, provocando despidos masivos y precarizando a lxs trabajadorxs.

Nuevamente, como en el 2001, el Estado achica sus funciones sociales y expande las represivas, legitimando abusos de poder por parte de las Fuerzas de Seguridad en nombre del orden, la gobernabilidad y la democracia. Una democracia herida, una democracia de espaldas a ese pueblo que sufre y se moviliza.

Nuevamente, como en el 2001, nos toca gritar “¡Bajen las armas!” porque aquí sólo hay un pueblo de pie dispuesto a luchar para que no le arrebaten lo que es del pueblo, sus derechos, un pueblo imposible de doblegar, porque sabemos que, como dijo la compañera Evita, “No hay fuerza capaz de doblegar a un pueblo que tiene conciencia de sus derechos”.