El Miércoles 29 de Marzo, por decisión unánime de quienes integran el Senado y luego de la media sanción obtenida hacia fines de Noviembre de 2016 en la Cámara de Diputados, fue aprobado el proyecto de Ley que legaliza y regula el uso de cannabis y productos derivados de él con fines medicinales, constituyéndose como la primera norma de nuestro país que, reconociendo sus propiedades para la salud y sus importantes aportes al mejoramiento de la calidad de vida, promueve el desarrollo de investigaciones al respecto y garantiza su acceso a personas que atraviesan determinadas enfermedades.

Pero también, y fundamentalmente, se constituye como la expresión concreta de la lucha que han sostenido distintas organizaciones de la sociedad civil (Mamá Cultiva, Cannabis Medicinal Argentina, Campaña por la Despenalización del Cannabis Medicinal, por mencionar sólo algunas), profesionales, medios de comunicación, militantes, pacientes y familiares, como una conquista que trae consigo la alegría de lo logrado y la certeza de la necesidad de seguir por aquello que aún falta, abriendo camino hacia nuevas luchas y nuevas reivindicaciones que permitan visibilizar las situaciones que se presentan en la cotidianidad de amplios sectores de la población y reconocer, proteger y garantizar el ejercicio pleno de sus derechos.

Y ello nos lleva, necesariamente, a pensar en esas historias de vida de quienes fueron y son parte de esta lucha y de esta conquista, a preguntarnos acerca de quiénes son sus protagonistas, sobre cuáles son sus puntos de vista, motivaciones, sensaciones, necesidades e intereses, significaciones, experiencias, qué representaciones sociales los sustentan, qué implicancias tiene la sanción de esta norma en su vida cotidiana, cómo son reconstruidas subjetivamente por ellxs.

En esta búsqueda y con estos interrogantes como guía, nos encontramos con Juan, Andrea y su hija, de 10 años, una familia loberense que, luego de llevar a cabo distintos tratamientos que incluían la ingesta de distintas clases de medicamentos a partir de los diagnósticos y el acompañamiento de profesionales de múltiples disciplinas, comenzaron recientemente (aproximadamente a partir del mes de Diciembre del 2016) a utilizar aceite de cannabis con el objetivo de aliviar las dolencias y los síntomas que presenta la niña y evitar las consecuencias y contraindicaciones de esa medicación.

“Mi hija no durmió una sola noche hasta los 3 años […] Ya habíamos probado toda clase de medicación” – expresa al respecto Andrea – “Y unos familiares nos dijeron que hay un tratamiento con un aceite de cannabis que es bueno para muchas enfermedades, empezamos por ahí” – continúa Juan –

Explicando cómo iniciaron este proceso que implicó, en primer lugar, acceder a información acerca de las cualidades de este producto pero además, y siendo, en sus propias palabras, lo que más los impulsó a seguir, conocer, a partir de sus testimonios, la situación de otras personas de distintas edades y con diferentes enfermedades que lo utilizan y que reconocen resultados positivos en sus tratamientos y su calidad de vida, resultados que hoy ellos pueden reconocer en su hija.

Continuando con su relato, Juan plantea una cuestión que también conocieron en ese mismo proceso y que refiere a, recuperando sus expresiones, “la problemática que tienen los cultivadores y los usuarios de cannabis, tanto con fines medicinales como recreativos, porque ahí empezas a notar las injusticias, ahí ves que una simple planta le puede traer tantos problemas a las personas”, lo cual entiende que es consecuencia de la estigmatización construida en torno a ella, a sus usos y a quienes los llevan a cabo. Y en este sentido, ambos consideran que la sanción de la Ley al respecto del uso medicinal constituye un avance importante ya que posibilita la investigación sobre la temática y autoriza la prescripción de productos derivados del cannabis por parte de lxs médicxs.

Pero también reconocen una limitación en ella, haciendo referencia al hecho de que la misma no autoriza el autocultivo y que la variedad de aceite que, en ese marco, se prevé importar de Estados Unidos, sólo puede ser utilizado en tratamientos para determinadas enfermedades. Ante el interrogante acerca de su posicionamiento al respecto, plantean que conciben a tal limitación como una motivación para continuar militando no sólo por los derechos de quienes hacen uso del cannabis y sus productos derivados con fines medicinales sino también, desde una mirada superadora, de aquellxs que lo hacen en la búsqueda de experiencias recreativas y que, en la visión de Juan y Andrea, cargan con un mayor estigma.

Aceite de Cannabis

Aceite de Cannabis

Una historia similar pudimos recuperar a partir del testimonio brindado por María Elena, de la ciudad de Necochea, en el marco de una entrevista realizada en Radio Ciudad de Lobería. María Elena es mamá de Inés, quien desde su nacimiento presenta daño cerebral y fue diagnosticada con epilepsia refractaria, recibiendo un tratamiento basado en la ingesta de distintos fármacos, de distintas drogas. Desde el mes de Septiembre del año pasado, y luego de consultarlo con el neurólogo, comenzaron a suministrarle aceite de cannabis y, como ella misma expresa, el cambio fue inmediato, mencionando que

“no ha vuelto a convulsionar. Ha tenido mejoras notables, volvió a sonreír y otras cosas que para algunos no significarán mucho pero para nosotros es buenísimo, como que cierre la boca cuando va a tomar algo de un vaso o que vaya al baño sin tener daños en su cuerpo”, motivos por los cuales su médico ha decidido bajar las dosis de medicación que le había indicado.

Con respecto a la reciente sanción de la ley, María Elena plantea, tal como expresaron Juan y Andrea, que ello constituye un primer paso importante pero que es fundamental considerar también la cuestión del autocultivo, explicando que “Lo que se aprobó es la posibilidad de importar desde Canadá el aceite Charlotte, que como su nombre lo dice, es lo que necesitaba esa niña, Charlotte. Pero según el tipo de epilepsia, cada niño puede necesitar otras cepas. Además, está comprobado que este aceite sostiene a chicos con epilepsia, dejando fuera a personas que tienen otras enfermedades, por ejemplo el cáncer o mal Parkinson. Por otra parte, el aceite importado tiene un valor de 300 dólares y hay que tener 300 dólares todos los meses. Si uno autocultiva, debe comprar el alcohol, el aceite de coco y otros elementos, pero el costo es muy inferior”.

Así, en este contexto donde el autocultivo continúa siendo ilegal, el miedo es, como ella manifiesta, un sentimiento con el que se convive cotidianamente pero también lo es la esperanza basada en una verdad que se vuelve irrefutable y que es que su hija, Inés, está bien y que su calidad de vida mejora.

 “Es más fuerte lo bien que ves a tu hija, que el miedo que tenes. Si me toca ir presa, iré presa, pero mi hija está primero”

Dice María Elena y con esa expresión nos muestra las consecuencias, objetivas y subjetivas, de la criminalización de la práctica de cultivo de marihuana que es, aún, un derecho por conquistar y que, en la coyuntura actual, significa que quienes, impulsadxs por el amor y la solidaridad, buscan el bienestar para sus familiares, amigxs, vecinxs, conocidxs, compañerxs en esta lucha, se encuentran con la cárcel, los allanamientos, el poder punitivo del Estado como respuesta.

Historias y experiencias como las de Juan, Andrea y su hija, de Lobería, y la de María Elena y su hija Inés, de Necochea, se repiten y multiplican en nuestro país y, con sus particularidades, son la evidencia real y concreta tanto de la importancia que tiene este avance dado por la reciente sanción de la primera normativa que otorga un marco legal al uso medicinal del cannabis y promueve la construcción de conocimiento científico al respecto, como también de la necesidad de continuar en el camino de las luchas colectivas, de la militancia activa por la visibilización, conquista y protección de nuestros derechos, por la ruptura y superación de prejuicios y estigmas construidos y transmitidos socialmente, en fín, por la transformación de la sociedad y las condiciones de vida de lxs ciudadanxs.

Asociación Civil de Estudios de la Cultura Cannabica de Necochea y Quequén
Revista Pueblo se comunicó con Maximiliano Yunes, representante de la organización Necochense que expresó lo siguiente sobre la nueva ley y los desafíos aun pendientes: Una ley a medida del gobierno, solo para unos pocos Nosotros la Asociación Civil de Estudios de la Cultura Cannabica de Necochea y Quequén apoyamos la ley solo para acompañar a las agrupaciones que la trabajaron, como Mama Cultiva, Cameda, Cadecam etc., pero nuestra posición es que esta ley no nos representa, porque no permite el autocultivo, es decir, que nos siguen criminalizando y persiguiendo por cultivar mariguana.

Todavía sigue siendo ilegal cultivar una medicina legal. Solo se aprobó la importación e investigación, aunque queda la regulación del art. 8 donde se va a abrir un registro de cultivadores y familiares de usuarios medicinales. Ahí es donde la ONG va a trabajar en los próximos días para ser reconocida por el estado.

Puedes visitar también: http://www.mamacultiva.org/