Las palabras tienen, generalmente, un significado preciso y concluyente, pero también otros menos unívocos relacionados con el contexto en que son usadas y, porque no, de acuerdo al ánimo o necesidad del sujeto. Vale la redundancia de aclarar que, a su vez, cada uno puede interpretar o entender cada palabra como mejor le plazca.
Algo así es lo que ocurre por estos días con el término (un término que no termina nada, pero válido al fin), que inicia el título de ésta nota.

Todos lo usan, todos apelan a su gran simpatía y poder. Queda muy bien machacar sobre sus espaldas “la necesidad de”. Simboliza grandeza de espíritu y vocación convocante y también denota una gran preocupación por la enorme responsabilidad ante el gravísimo presente. Ante tales características quien puede dudar de la buena intención de sus detentadores o de quienes se ubican más allá del bien y del mal utilizando una palabra “tan oportuna”.

Es difícil. La “unidad” arrasa con todo, sólo deja a su paso lamentos y cadáveres políticos, resulta una fuerza irresistible que se impone sin mirar para atrás ni para los costados, pero vaya virtud, tampoco repara en el futuro. Vale para todo y por sí misma, tranquilamente podemos agregarla a la frase sanmartiniana y no pierde sentido: “lo demás no importa nada”.

Ahora que vamos entrando en tema digamos que nos estamos refiriendo al presente político, más precisamente de una de las fuerzas de oposición que, genéricamente, se llama PERONISMO. El Peronismo se ha constituido históricamente como un gran movimiento nacional, cuenta con una estructura partidaria denominada Justicialismo, cobija un amplísimo arco ideológico que hacía decir a su propio fundador “todos son peronistas” y que acaba de perder las últimas elecciones con un conglomerado amorfo de derecha que repite hasta el cansancio que es una fuerza de centro, no cumple con lo que prometió en su campaña y, aunque lo niegue, viene para restablecer el neoliberalismo en toda la región de la mano del “gran país del norte”.

Así las cosas ¿Quién puede dudar de la gravedad institucional, social y política?, creo que nadie. Pero también afirmo que es nuestra responsabilidad indagar sobre el para qué. Y para eso sirven unas pocas preguntas:
La primera de ellas podría ser si a 42 años de la muerte de su fundador, líder indiscutido y responsable de doctrina e ideario, ¿el Peronismo continuará aferrado a un estilo de conducción vertical, personal y única que considera a la organización partidaria sólo necesaria para cumplir operatorias electorales y, lo que es mucho más grave, exonera a sus mandatarios ocasionales de rendir cuentas de “sus cometidos” en la función pública? Pensemos, simplemente, en presidentes, gobernadores, intendentes, legisladores, etc. que pasaron por cargos importantísimos y no se ven en la obligación de “rendir cuentas”. En otras palabras, ¿ese salvoconducto para la impunidad es lo mismo cuando gobierna Perón, Isabel Martínez, Menem, Rodríguez Saa, Duhalde, Kirchner o Cristina? Esto lo podemos trasladar al ámbito local sin que pierda sentido.

Segunda. Respecto al alineamiento internacional del Peronismo, ¿todos pensamos lo mismo o da igual: participar de una internacional conservadora (como ya nos pasó), o de otra socialista o generar un espacio propio superador de la tercera posición histórica y del no alineamiento, junto a los países emergentes, con una muy fuerte presencia latinoamericana y preservando de “efectos globalizadores” al continente y sus habitantes? ¿Es lo mismo reconocer a gobiernos usurpadores que considerarlos producto de golpes de estado parlamentarios? ¿Cuál es nuestro posicionamiento frente al endeudamiento de la Argentina o de la participación en los acuerdos transpacíficos o de libre comercio con las grandes potencias en desmedro de las asociaciones regionales –Mercosur, Unasur, Celac, etc.–?, Son sólo unos pocos ejemplos a considerar. Y

Tercera. Hacia adentro de nuestras fronteras, ¿Qué pensamos sobre Milagro Sala; la represión y judicialización de la protesta social; los despidos y persecuciones en la administración pública; la precarización y flexibilización laboral por venir; la liberación cambiaria y financiera; la apertura importadora; el blanqueo disfrazado de reparación previsional para entregar el FGS; el abandono de la política de Néstor y Cristina en materia de Derechos Humanos; la involución de los derechos sociales e igualitarios?, etc. etc. etc.

Para todo esto abunda la casuística, como también los nombres propios que sostienen la derechización del movimiento y, actualmente, el colaboracionismo del “opo-oficialismo” disfrazado de responsable y prudente aporte a la gobernabilidad.

Sin una discusión amplia que defina el perfil definitivo del Peronismo no creo posible una unidad verdadera. Si la unidad es para ubicar a dos o tres compañeros en una lista sin definir las bases de acción política y un programa de gobierno, estamos asegurando su fracaso por el sólo hecho de evitar la interna.

Por eso insisto en que hay que levantar la puntería y, fundamentalmente, decir con total honestidad intelectual donde estamos parados y desde que lugar pedimos enfáticamente la tan valorada UNIDAD.