Señora Santana por qué llora el niño
Por una manzana que se le ha perdido
Yo te daré una, yo te daré dos
Una para el niño y otra para vos
Yo no quiero una, yo no quiero dos
Yo quiero la mía
Que se me perdió.

Todas las noches de mi infancia mi vieja me cantaba esa canción infantil, sin saber que su origen puede rastrearse a la cuba de los 70’s, sin saber que de manera subjetiva y sutil despierta sentimientos de solidaridad y de rebeldía.

La canción se hizo presente, después de desparramar algunas lagrimas contagiadas por las de Héctor. El no llora por quedarse sin manzanas. Quizás salio de su casa con ganas, quizás no salió triste y fue allí a la plaza como una forma más de rebusque a la que se esta acostumbrando. Pero en medio de su relato se revela una verdad que le duele, y quizás lo conmocione hacerlo publico, él, que trabajó toda su vida, que cobra un haber mínimo mas mínimo que nunca… él, necesita.

Necesita y se conmueve, porque lo sabe injusto, porque quizás no conozca la canción infantil pero estoy seguro de que Héctor no quiere esas manzanas de la plaza (producto de otra situación injusta por la que se reclama), Héctor quiere la de él, la que debería poder comprar después de haberse esforzado y entregado las horas de su vida al trabajo que aún hoy debe realizar para poder “vivir como corresponde” y ayudar a su hijo.

Cuidado con creer que las lagrimas son muestras de una debilidad, de una tristeza… hay lagrimas de bronca, de impotencia que deben ser bien interpretadas.