Un hombre sale de su lugar de trabajo y es asaltado por otro hombre. Éste intenta robarle el auto, y es asesinado. Para medios como Clarín, La Nación e Infobae, automáticamente el relato del homicidio se transforma en intento de robo, el asesinato en legítima defensa. Los medios titularon: un médico atacado por un delincuente. La guerra es clara, la víctima también. Los cuatro balazos que impactaron en el pecho de Ricardo Krable salieron del revolver calibre 9 milímetros del profesional Lino Villar Cataldo.

Por un lado, cabe preguntarnos sobre el valor periodístico de resaltar la condición profesional de Cataldo. ¿Acaso se trata de un dato pertinente para esclarecer el hecho? ¿Qué significa que haya sido un médico, acaso se re-actualiza la hipótesis de “ciudadanos de primera y de segunda”? “Ya no tienen respeto por nada” se escucha. Por otro, resulta llamativa la capacidad del periodismo para estar un paso adelante del sistema judicial. Ricardo Krable ya es un delincuente, incluso antes de que se haya probado el hecho delictivo. Y Lino Villar Cataldo actuó en legítima defensa, incluso ya antes de que sepamos si los cuatro tiros que salieron de su arma fueron producto de una acción de defensa o un intento de matar intencional. Los medios ya sentenciaron. La justicia, vendrá después.

Lo que subyace en estas “inocentes” palabras es que cada vez que ocurre un hecho de este tipo, los automatismos mediáticos expresan, una vez más, la ideología dominante que sentencia: “uno menos” como expresó Feinmann, ayer, en Animales Sueltos . Se expresa en estas palabras, una valoración clara y diferenciada de los ciudadanos. Lo que está implícito en llamar profesionales a unos y delincuentes a otros, es que los primeros pueden dar muerte a los segundos bajo el rótulo de legítima defensa, y que existen sin dudas para estos medios (que expresan el sentido común que circula en la sociedad) vidas con valor y vidas sin valor alguno.

Cabe preguntarse también por las consecuencias que este tipo de tratamiento mediático trae aparejado. En reiteradas coyunturas las políticas y las “emergencias” de seguridad tienen lugar luego de casos como estos – no en vano, hoy por la mañana, el presidente de la Nación anunció el acuerdo “NarcotraficoCero”.

Se construye a la inseguridad como un problema que debe ser resuelto urgentemente y las soluciones que se presentan son siempre las mismas: mayor castigo, endurecimiento del sistema penal, incremento de la violencia, enfoque de recursos para reprimir.

La demagogia punitiva, que se reactiva cíclicamente con casos como este, aparece como una opción comprometida con solucionar el problema cuando sólo responde a las demandas de la opinión pública. Basta recordar el caso Blumberg y las reformas que vinieron tras él o los sucesos denominados mediáticamente como “linchamientos” que derivaron en la “emergencia en seguridad”.

Hoy, como aquella vez, los diarios titulan “Se reabre el debate por matar en legítima defensa”. La fórmula es conocida. Las consecuencias también.

Autor: Observatorio de Violencia Institucional