Hace 15 años, el 19 y 20 de Diciembre de 2001, el pueblo argentino se movilizó ocupando las calles en el marco de lo que fue la máxima expresión de la conflictividad social y la rebelión popular, conocida como “Argentinazo”, y que culminó con la renuncia del entonces Presidente de la Nación, Fernando De la Rúa y un posterior periodo de inestabilidad institucional, política, económica y social.

Miles de estudiantes, trabajadorxs, desocupadxs, militantes políticos y sociales, referentes de organizaciones, bajo lemas y cantos que clamaban y reclamaban: “¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!” o “¡Piquete y cacerola, la lucha es una sola!”, se concentraron en Plaza de Mayo en respuesta inmediata a la declaración irregular del estado de sitio anunciada por el Presidente la noche del 19 de Diciembre en un contexto atravesado por huelgas generales, saqueos de supermercados y almacenes, movilizaciones protagonizadas por lxs denominadxs “piqueterxs”, cortes de calles en oposición al “Corralito”, (medida que prohibía la extracción de dinero en efectivo en bancos por sumas superiores a $250), cacerolazos, entre otras expresiones.

Durante la mañana del 20 de Diciembre, el Gobierno ordenó desalojar la Plaza de Mayo a través de una feroz represión policial que se extendió por todo el territorio nacional, provocando la muerte de 39 personas, en su mayoría menores de 30 años, cientos de heridos y alrededor de 4.500 detenidos.

Nosotras pensamos: van a matar a esos pibes como mataron a nuestros hijos.”

Expresó Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, durante el juicio a 17 ex funcionarios y policías, mientras, en el mismo marco, Orlando Oliverio, perteneciente a la División de Asuntos Internos de la Policía Federal, afirmaba: “lo hecho, hecho está y si lo tengo que hacer lo vuelvo a hacer”, en una clara demostración de impunidad. De la misma impunidad con la que, por ejemplo, los policías le dispararon a Claudio “Pocho” Lepratti, “el ángel de la bicicleta”, en la terraza de la escuela a la que asistía y en la que colaboraba como militante comunitario en Rosario, Santa Fe, mientras gritaba que no lo hicieran, que “bajen las armas, que aquí solo hay pibes comiendo”; o a Rosa Eloísa Paniagua, de 13 años de edad, en Paraná, Entre Ríos, mientras buscaba comida con su familia en un supermercado; o a Carlos “Petete” Almiron, de 24 años, militante de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) y de la Coordinadora de Desocupados 29 de Mayo, mientras encabezaba una columna de manifestantes que se dirigía a Plaza de Mayo;  la misma impunidad que sobreseyó a Fernando De la Rúa por su responsabilidad al respecto.

15 años después, podemos sostener con firmeza y convicción que la lucha sigue siendo la misma, sigue siendo una sola y es del pueblo, de lxs trabajadorxs. La lucha es contra el ajuste neoliberal en salud, en educación, en ciencia; contra los despidos masivos y la precarización laboral y por condiciones dignas de trabajo y de vida; contra la represión y la criminalización de la pobreza y la protesta; en oposición a políticas públicas y sociales que atentan contra nuestros derechos, aquellos históricamente conquistados, y por la defensa y reivindicación de los Derechos Humanos; por la memoria, la verdad y la justicia; por la libertad de lxs presxs políticxs; contra el monopolio de la información y los medios masivos de comunicación y por cada vez más espacios de expresión y participación democrática; porque, como dijo el Che:

“si el presente es de lucha, el futuro es nuestro”