Discúlpeme General, hice todo lo posible, pero los Diputados impusieron el criterio favorable a la corona española. Créame que es tan doloroso para mí, como inconveniente para nuestras provincias, lo que en tan mala hora se ha decidido y ahora  transmito respetuosamente a Usted.

Se ha tomado el informe de Don Manuel Belgrano como una descripción del estado de cosas internacional lapidario para nuestros anhelos, sin ver que las dificultades por venir, precisamente a causa de ello, no son más que el impulso necesario para avanzar con nuestra gesta emancipadora.

Es cierto, como dice Usted, “es cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos” y que “los enemigos (con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos”, pero también que algunos siguen entusiasmados buscando príncipes europeos e incluso han propuesto a la Corte Paulista, la entrega de la Banda Oriental y, me animo a decir, de las provincias del litoral, con tal de sacarse de encima al Protector de los Pueblos Libres y las conclusiones del Congreso de Oriente.

Resulta increíble que los comerciantes y financistas porteños, estos recién llegados a la vida colonial, pregonan la apertura al mundo por su solo interés en la más vil compra-venta de todo lo que sirva al incremento de sus patrimonios, amparados en predicciones de futuras represalias militares sea hoy de España con su trono repuesto, mañana de Inglaterra o, aún, de  Estados Unidos como un brazo de aquellos. Ocultando, claro está, que se ha desmerecido hasta el hartazgo nuestro desarrollo interior y su consecuencia directa: un  futuro ruinoso inexorable para todas las economías desde Córdoba al Alto Perú, pasando por Cuyo, Santiago del Estero, Tucumán o Salta.

Hoy es un día muy triste, las oligarquías locales han cooptado un Congreso que, entre otras falencias,  representa menos de la mitad de nuestros territorios y, de ellos, solamente a las elites de peninsulares y españoles americanos que lo habitan, olvidando a negros, zambos, mulatos y pueblos originarios, todos criollos naturales de compromiso vital y profundo amor patriótico, dispuestos  a defender nuestra independencia cueste lo que cueste.

Pretenden escribir en letras de molde que asistimos “al fin de la revolución y principio del orden”; pregonan que nuestro proyecto está agotado; que los populismos fueron y son derrotados por las nuevas ideas del capitalismo y del derrame; que si nos asociamos al mundo se terminarán definitivamente todas nuestra penurias;  que no estamos preparados; que la corrupción invade la vida cotidiana; que los sueños libertarios prescinden de la falta de preparación de las masas y de la barbarie de la dirigencia popular.

En fin, la lista es larga, pero Usted sabe General mucho mejor que yo que la realidad es muy otra, incomparable con la descripción de los empresarios,  comerciantes y representantes del capital foráneo. Por ello provocó hilaridad la propuesta de coronación de un Inca, resultando ofensiva la sola posibilidad de “un rey en ojotas” o la entronización de “la casta de los chocolates”, porque al modelo que quieren imponer le sobra, Chile, el Perú, el Paraguay y las Misiones, el Alto Perú y la Banda Oriental.

Usted nos enseñó General que la Patria son todas las Provincias Unidas de Sudamérica, que la emancipación es para todos y no para unos pocos y que si somos libres todo nos sobra. En esto quiero detenerme. Sé que no somos libres y que hoy todo nos falta, que  en el Congreso fuimos derrotados y que, objetivamente, el contexto internacional no es favorable. Pero también le digo que si Usted sigue  en la lucha, la llama libertaria no será fácil de apagar y que con o sin derrotas, tenemos un mandato que cumplir con el pueblo y con la historia, porque llegará, más temprano que tarde, el momento de declararnos independientes de “toda dominación extranjera”.

Aclaración: el escrito es apenas una manera de superar la “angustia” por los festejos del Bicentenario negado al pueblo argentino y la necesidad de recuperar mística y compromiso ante el daño cierto de los “sin patria”  capaces de vender a su propia madre. Cada uno sabrá como desempeñar mejor su papel de Godoy Cruz y como reportarse a “su” general, aunque, prejuzgo: la elección está hecha.

Asimismo, aunque resulte obvio, la falta de rigor histórico es evidente y cualquier parecido con la realidad es pura casualidad.

Ver también Carta de José de San Martín a Tomás Godoy Cruz