Estaba pensando, hace varios días, en el rol de la educación en cuanto a la formación de jóvenes comprometidos con la sociedad en la que crecen y se desarrollan. Puntualmente, en el enfoque integral que ha alcanzado estos años, donde, además del nacimiento de las áreas de extensión en las universidades y la revalorización de los centros de estudiantes, se han incorporado en los programas de estudio, materias como Prácticas Solidarias, entre otras, que promocionan valores y ponen énfasis en el profesionalismo desde lo humano y en interacción con el otro.

En este contexto, las instituciones han dejado de ser meras dictadoras de contenidos teórico-prácticos para convertirse en impulsoras de jóvenes que lideran proyectos, movimientos, organizaciones.

Si bien, la gran mayoría participamos de lo que se llaman “Iniciativas solidarias asistemáticas”, estas son experiencias individuales y aisladas. Acordemos en que, son esos movimientos, instituciones, cooperativas, grupos asociativos, organizaciones en general, y la interrelación de ellas, lo que lleva a lograr cambios importantes en la sociedad.

Vale mi mención en este momento para el Grupo Marioli, para que puedan referenciar de lo que hablo.

Cuando me disponía a redactar mi reflexión, para compartirla con ustedes, me interrumpió el llamado de un compañero, joven, recién recibido en una Universidad Pública, para contarme que lo acababan de anoticiar que, ahora, es un DESOCUPADO más.

Por supuesto, mi debate interno sobre la actualidad de la formación, perdió todo sentido. Me di cuenta que esas discusiones van “cambiando”…

Porque, a los pibes hoy la realidad los golpea, porque las preocupaciones , que cuando hay un proyecto de gobierno con inclusión, son planificar proyectos sustentables, con cuidado del medio ambiente, con eficiencia y con desarrollo, pasaron a ser las de “bancar la olla”, la “diaria”…

Y yo, que he dedicado parte de mi vida laboral a trabajar en la orientación a esos jóvenes, en la motivación para que se inserten en el ámbito laboral, que se formen y se capaciten, y que, además, me resisto a perder batallas ya ganadas, retomé la idea del principio, y quise invitarlos a ustedes, que están leyendo, a que seamos protagonistas, desde el lugar que nos toque, para que esos meros aportes individuales sean compromisos colectivos con visión, con futuro.

Y, como si uno de esos dirigentes políticos (que ha sido mucho más que eso para mí), me volviera a contagiar, como solía hacerlo, un poco de esa invaluable capacidad de mirar al costado, de saber que existen OTROS, de siempre considerar al ser humano en “el centro de la escena”, me animé a escribir estos humildes renglones, para pedirles, jóvenes, que lean, estudien, se asocien, lideren, que a pesar de todo, NO AFLOJEN, porque:

 “CUANDO LA JUVENTUD SE PONE EN MARCHA, EL CAMBIO (NO EL DE SPOT, EL INCLUSIVO) ES INEVITABLE”.

Autor: Lectora de Revista Pueblo