Hicieron lo que saben, lo que vinieron a hacer. Lo dieron vuelta, lo hicieron negocio, de ser un programa distributivo pasó a ser acumulativo, ¿quien es el protagonista del nuevo pro.cre.ar?

Hace unos días tuve la oportunidad de plantear la situación de varios vecinos loberenses en una reunión con diputados nacionales del FPV a la que asistieron particulares y organizaciones de beneficiados por  el pro.cre.ar anterior, planteando las particularidades de cada caso que quedó trunco. Previamente se habían reunido con las nuevas autoridades. Pocas esperanzas, menos aún hoy, cuando se conocen las características de la nueva versión del programa.

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No consideremos en este análisis la perdida de transparencia al quitar los sorteos, dejemos de lado, al menos por un momento la especulación sobre lo que puede suceder con los ya sorteados o quienes quedaron en medio de la construcción, ni siquiera analicemos si los nuevos topes alcanzan a un sector popular. Vayamos, rápidamente a un punto central, que excede al derecho constitucional de la vivienda digna y que se relaciona a otro derecho constitucional, el trabajo.

120 hogares loberenses se construyeron con Pro.Cre.ar, empleando casi en exclusividad arquitectos, albañiles, plomeros, gasistas, electricistas y carpinteros loberenses. En un periodo de unos 3 años se revalorizó el oficio, aquel perdido durante los 90 volvió a transmitirse de padre a hijo, de maestro a aprendiz al punto de que costaba encontrar personal, la demanda superaba la oferta en nuestra ciudad y generaba turnos y esperas. Los centros de formación profesional, la escuela técnica habían recuperado un sentido, un rol fundamental.

Al menos 48 millones de pesos distribuidos en muchas manos, en empleo, ingresados a un circulo virtuoso de la economía local que se reflejaba también en el sector comercial. Claro que con un costo para el estado, pero debemos tomar conciencia que no se subsidiaba «una tasa», se subsidiaba el fomento del oficio, el empleo y la actividad comercial.

Cre.ar.pro es como llamo a la nueva etapa, a este programa versión neo-liberal  el cuál, tal como lo han anunciado, solo servirá para la compra de viviendas ya construidas. Lejos de ser un dato menor es la condición que cambia el sentido de manera radical (vale el termino en cualquier acepción).

El sujeto principal del nuevo programa antes no existía. Ya no es quien adquiere el crédito, ni mucho menos los trabajadores totalmente excluidos de la ecuación. El protagonista del nuevo Pro.Cre.Ar es el especulador inmobiliario, el heredero, quien tiene viviendas a la venta porque no las ocupa, a este sector minoritario y pudiente el estado le genera un mercado con el dinero de todos nosotros.

“No podemos obligarlos por ley a hacer lo que ideológicamente nosotros haríamos”

decía Axel Kicillof en aquella reunión, pero si debemos hacer el esfuerzo intelectual para entender porque hoy los albañiles de Lobería están haciendo parques, porque los comercios ven caer su actividad y porque algunos, poquitos, se están frotando las manos.